La
vida, en efecto, deja un margen de posibilidades dentro del mundo, pero no somos libres para estar o no en este mundo que es el de ahora. Solo cabe renunciar a la vida, pero si se vive no cabe elegir el mundo en que
se vive. Esto da a nuestra existencia un gesto terriblemente dramático.
Vivir no es entrar por gusto en un sitio previamente elegido a sabor,
como se elige el teatro después de cenar, sino que es encontrarse de
pronto y sin saber cómo, caldo, sumergido; proyectado en un mundo
incanjeable: en éste de ahora. Nuestra vida empieza por ser la perpetua sorpresa de existir naúfragos en un orbe impremeditado. No nos hemos dado a nosotros la vida sino que nos la encontramos, justamente, al encontrarnos con nosotros. Un símil esclarecedor fuera el de alguien que dormido es llevado a los bastidores de
un teatro y allí, de un empujón que lo despierta, es lanzado a las baterías,
delante del público. Al hallarse allí ¿qué es lo que halla ese personaje?
Pues se halla sumido en una situación difícil sin saber cómo ni |por qué,
en una peripecia; la situación difícil consiste en resolver de algún modo
decoroso aquella exposición ante el público, que él no ha buscado, ni
preparado, ni previsto. En sus líneas radicales la vida es siempre
imprevista. No nos la han anunciado antes de entrar en ella— en su
escenario, que es siempre uno concreto y determinado—, no nos han
preparado.
Yo creo que esta imagen dibuja con bastante pulcritud la esencia del
vivir. La vida nos es dada —mejor dicho nos es arrojada o somos
arrojados a ella—, pero eso que nos es dado, la vida, es un problema
que necesitamos resolver nosotros. Y lo es no sólo en esos casos de
especial dificultad que calificamos peculiarmente de conflictos y apuros
sino que lo es siempre.
Si la bala que dispara el fusil tuviese espíritu sentiría que su trayectoria estaba prefijada exactamente por la pólvora y la puntería, y si a
esta trayectoria llamásemos su vida la bala sería un simple espectador
de ella, sin intervención en ella: la bala ni se lia disparado a sí misma
ni ha elegido su blanco. Pero, por esto mismo, a ese modo de existir no
cabe llamarle vida. Esta no se siente nunca prefijada. Por muy seguros
que estemos de lo que nos va a pasar mañana lo vemos siempre como
una posibilidad.
ORTEGA Y GASSET, Unas lecciones de Metafísica
Escucha, mira y lee
Escucha la canción Naúfragos.
Mira el video de Arsuaga sobre vivir como si la vida fuera una película.
Lee atentamente el fragmento de Ortega y Gasset.
Reflexión personal (mínimo ½ página)
Responde:
¿En qué sentido te sientes un “náufrago” en la vida, como dice Ortega y como sugiere la canción?
¿Qué significa para ti la metáfora de “vivir como si la vida fuera una película”?
¿Qué margen de libertad sientes que tienes en tu propia “película” de la vida?
Parte creativa (elige una opción):
Guion de película breve: Imagina que tu vida es una película que empieza con el “empujón” de Ortega y Gasset (alguien te despierta y te lanza al escenario sin aviso). Escribe el guion de la primera escena y describe cómo actuarías.
Diario de un náufrago: Escribe una página como si fueras un náufrago que acaba de despertar en una isla desconocida (metáfora de la vida). ¿Qué sientes? ¿Qué decisiones empiezas a tomar?
Letra alternativa: Reescribe un fragmento de la canción Naúfragos (unas 6-8 líneas) con tus propias palabras, expresando cómo entiendes el “drama” de vivir sin haberlo elegido.
Cierre (breve conclusión):
Explica en 4-5 líneas: ¿qué aprendiste sobre tu propia manera de estar en el mundo a partir de esta actividad?
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